Cuidado con la conga!!

Julio 16, 2007

La Caracas de 1936 rompió definitivamente con el pasado. Los 27 años del gobierno gomero, de las costumbres gomeras y de los trajes gomeros para damas y caballeros y hasta la literatura gomera, se fueron para el otro mundo junto con el Benemérito, “prematuramente fallecido” en 1935. Sólo dos cosas sobrevivieron: la ternera y la puerta franca. La última puerta franca que concedió Gómez fue en la maestranza de Maracay, cuando toreó Juanita Cruz y Julio Mendoza Palma. Los mamadores de gallo bautizaron aquella corrida con la frase de “fiesta brava con la bella y la bestia”, porque Juanita era bella y Julio Mendoza ¡feo con bolas! Gómez, con todos los hijos de Dolores Amelia, llenó el palco presidencial y ordenó la puerta franca diciendo: “el Gobierno paga para que dejen entrar al pueblo gratis y vean a la señorita torera”.

Después de muerto Gómez se comenzaron a presentar en los teatros comedias atrevidas con las chicas medio vestidas como en New York y La Habana. Lo más impresionante eran los precios: en el Teatro Nacional, por ver una comedia como Atrévete Susana, con un gran acto de variedades, con treinta artistas, te cobraban tres reales en patio, un bolívar en sofá y palco y un real en galería. La entrada más cara en cine o teatro no pasaba de cinco reales. Las mujeres iban al cine lujosamente vestidas y en el estreno de una película como Ramona, por ejemplo, los caballeros llevaban smoking y las damas traje largo.

Con la muerte de Gómez resucitó “la clase” en Caracas. Lo importante no era tener dinero, sino “tener clase”.

En aquellos días presentaban en Metro’s Caracas a la compañía de revistas y sainetes Camelia y sus rubias platinadas, con el grupo cubano llamado Los Negritos. Por cierto que el primer bailarín de este conjunto había estado en Venezuela en 1934, bailando la famosa conga, en Caracas y otras ciudades del país, y cuando se presentó en Barquisimeto, en un centro social muy famoso, asistió el presidente del Estado Lara, general Eustoquio Gómez, con su familia. El cubano, quien en cada presentación invitaba a las señoritas de la más alta sociedad a bailar, para enseñarles la conga, sacó a una de las damitas de don Eustoquio.

El bailarín comenzó a enseñarle el paso a la muchacha: “Una, dos… y tres… y la apretaba por la cintura. La niña estaba encantada, pero Eustoquio se dio cuenta que cuando la agarraba por la cintura a la jovencita, le decía en voz baja: “el culito, pa’tras…”.

Eustoquio Gómez no se pudo contener y salió a la pista; no se escuchó ni una nota más. Eustoquio tomó al cubano por el cuello y lo increpó: “¡Repita lo que está diciendo pa’ que reciba un balazo ya! ¡Usted se me va de Venezuela inmediatamente! ¡Oiga bien, de VE-NE ZUE-LA sílaba por sílaba.

El cubano salió en el acto de Barquisimeto para Puerto Cabello y allí subió a un barco que iba para Curazao”.

Los datos que aparecen en esta columna fueron tomados de mi libro Ternera y Puerta Franca. “La gente se pregunta cómo amanecerá mañana…

El Universal, Caracas domingo 11 de Abril de 2.004

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