Ay mija, cuidado con el teléfono
Julio 16, 2007
Ya las sirvientas habían dejado de ser cómplices de los enamorados y era el aparato de teléfono, eso sí, hablando en clave, el que permitía a las muchachas entrar en contacto con los respectivos novios, sin que las madres pudieran impedirlo.
‘El alcahuete negro’, así llamaba una señora por La Pastora al teléfono, se convirtió en el enemigo de la virtud de las mujeres.
-Ay ‘mija’, a cualquier tonta la convencen por ‘el bicho’ ese y le hacen la maldad. Y como ellas no le están viendo la cara, ni él se las ve a ellas, a las muy zafadas no les da pena y ¡zass! las raspan en lo que espabila un cura loco.
Las futuras suegras se indignaban cada vez que veían bien sea en el paseo, en el teatro, o en la iglesia, al pretendiente a quien odiaban.
-¿Quién le avisaría a ese bandido que nosotros veníamos a vespertina? ¿Cómo se habrá enterado de que el domingo íbamos a la fiestas de las Martínez? ¡Aquí definitivamente hay gato encerrado!
-Las muchachas ya no se valían de las criadas de la casa para enviar sus mensajes clandestinos, sino que llamaban a los novios, a las oficinas, con diversas tretas:
-¡Mamá, voy a llamar a Gracielita!, decía la menor de las Echezuría.
-Sí, cómo no, ‘mija’.
-Ajá, ¿es la casa de las Martínez?, preguntaba La Nena, y al otro lado contestaban:
-Hablas con tu negrito que da lo mismo, mi cuntuntún…
-Ay, Graciela, mi amor, tú sabes que esta tarde vamos a El Princesa a vespertina.
-Entonces tu negrito estará allí como un clavel. ¿Y qué numerincunito tienes?
-¡Ciento veintitrés cunengue!
-¡Muchacha, deja esos refranes tan chocantes! Me da vergüenza. ¿Qué dirá Gracielita?, interrumpía la madre.
En la tarde en El Princesa, ella decía con fingida sorpresa:
-¡Ay mamá, mira quién está ahí!
-Ni lo mires, nena. Ese hombre es una cosa seria. A mí me chocan los hombres alabanciosos, y ése vive hablando de todas las muchachas de La Pastora, -le decía la madre, sin percatarse siquiera de que en un descuido el galán entregaba una carta a la muchacha.
Para la época, prácticamente todas las cartas de amor de los caraqueños eran iguales, pues siempre aparecían las mismas palabras:
‘Mi amol’, con l; ’sielito’, con s; ‘mi pimpollo’, ‘negrito’, ‘paloma’, ‘dulce bien’, ‘el pájaro de ilusión’, ‘la esponja del olvido’, ‘¿por qué no viniste anoche?’, ‘me dejaste esperando’, ‘te fuiste a pasear en coche’, ‘ya no me quieres’, ‘devuélveme mis cosas’.
Pero además _era el comentario general de la gente fina_, como hay muchos jóvenes que no saben redactar, hay quienes se copian las cartas que aparecen en las novelas.
De hecho, hubo una carta de Víctor Hugo que estuvo circulando como dos meses por la parroquia de Santa Rosalía en diez copias, firmadas por diez novios distintos.
En aquella época caraqueña, durante los domingos ‘la crema’ se iba a los toros coleados en Chacao, organizados por el general Rafael María Borges, y después viajaban hasta Los Dos Caminos, pues había por allá muchas muchachas que ‘estaban comiendo chivo’ y cordializaban con los patiquines para darles celos a los novios a quienes también tenían ‘comiendo chivo’, que era la frase que se utilizaba para describir el disgusto pasajero que él o ella sentían cuando habían descubierto algo irregular, pues en el diccionario amoroso caraqueño, ‘comer chivo’ significaba en ese tiempo suspender temporalmente las relaciones sentimentales.
Así son las cosas.
El Universal, Caracas domingo 21 de diciembre de 2.001
Cuidado con la conga!!
Julio 16, 2007
La Caracas de 1936 rompió definitivamente con el pasado. Los 27 años del gobierno gomero, de las costumbres gomeras y de los trajes gomeros para damas y caballeros y hasta la literatura gomera, se fueron para el otro mundo junto con el Benemérito, “prematuramente fallecido” en 1935. Sólo dos cosas sobrevivieron: la ternera y la puerta franca. La última puerta franca que concedió Gómez fue en la maestranza de Maracay, cuando toreó Juanita Cruz y Julio Mendoza Palma. Los mamadores de gallo bautizaron aquella corrida con la frase de “fiesta brava con la bella y la bestia”, porque Juanita era bella y Julio Mendoza ¡feo con bolas! Gómez, con todos los hijos de Dolores Amelia, llenó el palco presidencial y ordenó la puerta franca diciendo: “el Gobierno paga para que dejen entrar al pueblo gratis y vean a la señorita torera”.
Después de muerto Gómez se comenzaron a presentar en los teatros comedias atrevidas con las chicas medio vestidas como en New York y La Habana. Lo más impresionante eran los precios: en el Teatro Nacional, por ver una comedia como Atrévete Susana, con un gran acto de variedades, con treinta artistas, te cobraban tres reales en patio, un bolívar en sofá y palco y un real en galería. La entrada más cara en cine o teatro no pasaba de cinco reales. Las mujeres iban al cine lujosamente vestidas y en el estreno de una película como Ramona, por ejemplo, los caballeros llevaban smoking y las damas traje largo.
Con la muerte de Gómez resucitó “la clase” en Caracas. Lo importante no era tener dinero, sino “tener clase”.
En aquellos días presentaban en Metro’s Caracas a la compañía de revistas y sainetes Camelia y sus rubias platinadas, con el grupo cubano llamado Los Negritos. Por cierto que el primer bailarín de este conjunto había estado en Venezuela en 1934, bailando la famosa conga, en Caracas y otras ciudades del país, y cuando se presentó en Barquisimeto, en un centro social muy famoso, asistió el presidente del Estado Lara, general Eustoquio Gómez, con su familia. El cubano, quien en cada presentación invitaba a las señoritas de la más alta sociedad a bailar, para enseñarles la conga, sacó a una de las damitas de don Eustoquio.
El bailarín comenzó a enseñarle el paso a la muchacha: “Una, dos… y tres… y la apretaba por la cintura. La niña estaba encantada, pero Eustoquio se dio cuenta que cuando la agarraba por la cintura a la jovencita, le decía en voz baja: “el culito, pa’tras…”.
Eustoquio Gómez no se pudo contener y salió a la pista; no se escuchó ni una nota más. Eustoquio tomó al cubano por el cuello y lo increpó: “¡Repita lo que está diciendo pa’ que reciba un balazo ya! ¡Usted se me va de Venezuela inmediatamente! ¡Oiga bien, de VE-NE ZUE-LA sílaba por sílaba.
El cubano salió en el acto de Barquisimeto para Puerto Cabello y allí subió a un barco que iba para Curazao”.
Los datos que aparecen en esta columna fueron tomados de mi libro Ternera y Puerta Franca. “La gente se pregunta cómo amanecerá mañana…
El Universal, Caracas domingo 11 de Abril de 2.004