Este enfermo que nos gobierna
Junio 5, 2007
Considerando el caso de los enfermos que llegan al poder y como sus hojas clínicas son un secreto para el país cambian el destino de un pueblo.
Recordamos el libro de Aquellos enfermos que nos gobernaron de Pierre Accoce y Pierre Rentchnick en donde se descubre que el presidente John F. Kennedy se pasaba la mitad de los días tendido, aquejado de una grave afección de las glándulas suprarrenales, y precisamente en la época en que Kruschev había instalado los misiles soviéticos en Cuba. En el libro “abundan las revelaciones de esta misma índole”. Los mandatarios enfermos toman decisiones desconcertantes.
Un distinguido psiquiatra venezolano, ex presidente de la Sociedad Venezolana de Psiquiatría, hace poco hizo público su asombro porque en Venezuela se le pedía certificado de salud mental al maestro, a todo aquel que solicita permiso para porte de armas y para conducir vehículos de transporte colectivo, y en cambio para quien anhela la presidencia de la República, tal como lo dije en el Así son las cosas, no se le exige ninguno de estos requisitos. Esto provocó que un selecto grupo de ex presidentes de la Sociedad Venezolana de Psiquiatría se dirigiera a la Asamblea Nacional solicitando se remediara esa situación designando una comisión de médicos que examinara la conducta mental del presidente Chávez. La Asamblea sin explicación de ninguna naturaleza negó la petición.
Esto me hace pensar, y más aún en estos momentos, que quienes estaban en el Parlamento en aquellos momentos son responsables de lo que pueda ocurrir en este país. Sería conveniente que a la hora de arreglar cuentas se recordara este episodio.
Para los médicos que lo asistían, Nixon era víctima del narcisismo en alto grado. Tres médicos lo examinaron y todos vieron aumentar los síntomas de su trastorno mental. El caso de Hitler fue gravísimo. El psicoanalista Walter Langer descubrió que era cancerófobo; porque su madre murió de un cáncer de mama, temía más que nada a esta enfermedad.
Langer comprobó también que Hitler era un histérico. Manifestaba tendencias anales que hallaban su expresión en sus pinturas, inclinaciones pasivas y masoquistas, feminizadas, que declaraban su homosexualidad latente.
El problema mental de Churchill fue muy delicado. Terminada la guerra se siguió sintiendo imprescindible. La familia presiona al médico para que le aconseje que no haga más política, pues todos temen que meterá la pata. No es el mismo que ganó la contienda. El doctor no prohíbe nada a Churchill. Ha sucumbido ante la inmensa personalidad de aquel hombre y no se atreve a decirle la verdad: usted no controla su cerebro.
El caso venezolano es sumamente grave, pues los psiquiatras más distinguidos del país han tenido el valor de decir la realidad mental del jefe de Estado. Sin embargo, nada ha pasado. Es doloroso lo que ocurrirá: después del caos conoceremos la verdad. Será tarde.
Así son las cosas.
El Universal, Viernes 15 de Septiembre de 2.005
Enero 16, 2008 at 7:16 am
está ya bien que se analice quién nos dirige, pero caer en el error continuamente, de que el psicoanálisis sea base para cualquier información creíble. es lo más bajo dentro de la psicológía, es una sola tendéncia más artística que cualquier cosa…
suposiciones, basada en la libre asociación de ideas, sueños… los equiparo a taratólogos o gente que lee los posos del café.